Historia del siglo XIX

Antiguo Régimen.

Fue el término que los revolucionarios franceses utilizaban para designar peyorativamente al sistema de gobierno anterior a la Revolución francesa de 1789-1799 (la monarquía absoluta de Luis XVI), y que se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar. El término opuesto a este fue el de Nuevo Régimen (en España, Régimen Liberal).



Economía y demografía

La propiedad de la tierra, principal factor de la producción, estaba sometida a vinculaciones que incluían los mayorazgos en poder de la nobleza, las manos muertas en poder del clero y las tierras comunales de los ayuntamientos. La naturaleza compartida de este tipo de propiedad, con un propósito de permanencia en el tiempo, hacía que no se podía disponer libremente de ella, con lo que la existencia de un mercado libre de tierras era imposible.
Lo mismo podría decirse del mercado libre para los otros dos factores de producción: ni capital (sospechoso de representar una forma de riqueza no compatible con el modo de vida noble o clerical, y aún lejos de la acumulación necesaria para una revolución industrial) ni trabajo  (impropio de los privilegiados, y considerado como una maldición bíblica) se venden libremente en el mercado como mercancías sujetas al libre juego de oferta y demanda.

Demografía


El crecimiento del tamaño de las ciudades (sólo unas pocas: París, Londres, Sevilla, Madrid, Roma, Nápoles, Estambul, superan los cien mil habitantes),  a pesar de funcionar como sumideros demográficos y de recursos de todo tipo, contribuyó decisivamente a la transición del feudalismo al capitalismo (el papel de Londres fue fundamental para la creación de un mercado nacional, el de París, intermedio; el de Madrid, un relativo fracaso). Pero no hacía olvidar que seguía la época preindustrial, y la ocupación de la inmensa mayoría de la población, la de las omnipresentes zonas rurales, seguían siendo actividades agropecuarias de productividad y rendimientos bajísimos, cuyas técnicas evolucionaban muy lentamente (la larga duración braudeliana), condenando a la dependencia de los ciclos naturales y las periódicas crisis de subsistencia repetidas cíclicamente, coincidiendo con los meses mayores previos a las cosechas, cuando el trigo estaba más caro. No es casualidad que esas coyunturas generaran movimientos de descontento conocidos como motines de subsistencia,  que en algunos casos podían tener repercusiones políticas (Motín de los gatos, Motín de Esquilache, o la propia Revolución francesa) o en el peor de los casos hambrunas que llevaban a crisis demográficas (la conocida como trampa malthusiana). De hecho, es habitual en demografía hablar de un Antiguo Régimen demográfico, que se caracterizaba por altas tasas de natalidad y mortalidad, escaso crecimiento natural que se contrarrestaba por los años de mortalidad catastrófica, elevada fecundidad (requerida con afán por las familias titulares de explotaciones agrícolas), compensada con el celibato (la nupcialidad, a edades muy tempranas que a veces se retrasaba, no afectaba a la totalidad de la población) y la muy baja esperanza de vida.

Comercio

El comercio estaba controlado por los gremios y las asociaciones gremiales, que controlaban la calidad y cantidad de producción que se realizaba en todo momento. La aspiración a controlar de la vida económica pretendería que sólo aquellos que pertenecieran a un gremio o tuvieran autorización real podían dedicarse a la fabricación y distribución de productos, desde el más rico de los obligados del abasto al más miserable tablajero. La misión de controlar la fidelidad del comercio era una responsabilidad de la autoridad desde tiempos antiguos (la mensa ponderaria del foro romano). En el Antiguo Régimen español dependía de instituciones como el Repeso o el Fiel almotacén, controladas por los ayuntamientos (o la Sala de Alcaldes en la corte), que vigilaban la correcta aplicación de las medidas en los intercambios, sobre todo los del comercio alimentario, el más sensible para la paz pública. La dispersión metrológica (no coincidían las medidas de cada localidad) se intentó remediar con el prestigio de algunas medidas locales, como la vara de Burgos, pero hubo de esperarse al final del Antiguo Régimen, con los trabajos científicos de conformación del sistema métrico decimal. Se consideraba idóneo el acceso con los menores intermediarios posibles del productor al consumidor, y la reventa y todo tipo de especulación con el precio intentaba prohibirse, incluso con sanciones religiosas (pecado-delito de usura) lo cual no quiere decir que se cita de la vida cotidiana en el mercado.  Semejante pretensión no se irá materializando con eficacia hasta la conformación del estado burgués liberal del Nuevo Régimen, como explica Michel Foucault. La apertura del mundo a los europeos con la Era de los Descubrimientos trae como consecuencia la primera economía-mundo.​ Las compañías privilegiadas tomaban el control monopolístico de rutas y productos (el cacao de Caracas primero para los Fugger,​ y luego para la Compañía Guipuzcoana; el abastecimiento de Madrid para los Cinco Gremios Mayores...). Las primeras y más eficaces fueron las holandesas (WIC y VOC), seguidas por las inglesas (Compañía de las Indias Orientales y Merchants Adventurers, que se basa en una guilda anterior).
Ambas naciones (a través de la bolsa de Ámsterdam y la de Londres) encabezan el naciente capitalismo comercial tras el saco de Amberes, que hasta entonces era la encargada de drenar hacia el norte de Europa los recursos americanos extraídos a través de la monopolística Casa de Contratación de Sevilla o el puerto de Lisboa.


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